Ortopedia y Traumatología

Artrosis de cadera

Artrosis de cadera

 

Artrosis es un término consolidado tanto en el lenguaje médico como en el profano para referirse a la enfermedad articular degenerativa, un proceso crónico y evolutivo que afecta a millones de personas a partir de la sexta década de su vida. Una articulación es la unión de dos o más huesos para hacer posible el movimiento. Los extremos óseos que entran en contacto están recubiertos por un tejido más blando que el hueso llamado cartílago, que con el tiempo puede desgastarse hasta que los huesos que recubre acaban deformándose, lo que se traduce por dolor y pérdidas de movilidad. Todas las articulaciones pueden sufrir artrosis, pero las localizaciones más frecuentes son la columna vertebral, la mano, la rodilla (gonartrosis) y la cadera (coxartrosis). De ésta última nos ocuparemos en este artículo.

 

Causas y factores de riesgo

La artrosis de cadera afecta a porcentajes de la población que van desde el 1% a los 55 años hasta más del 10ª a los 85, con un ligero aumento de la frecuencia en varones. Su causa es desconocida aunque existen varias condiciones que favorecen su aparición. En primer lugar existe una carga genética por la que la artrosis, de algún modo, se puede “heredar”. Las malformaciones y desalineaciones de los miembros también predisponen a padecerla, sobre todo en las extremidades inferiores, que soportan la carga; por esta misma razón el sobrepeso o la obesidad constribuyen a sobrecargar mecánicamente las caderas y rodillas, aumentando sus posibilidades de desgaste (curiosamente, el tobillo, una articulación que soporta más peso aún que las anteriores, rara vez se desgasta). La edad avanzada, obviamente, es un factor determinante en un proceso degenerativo crónico íntimamente ligado al envejecimiento del cuerpo. La práctica deportiva intensiva puede favorecer también la aparición de artrosis, sobre todo en la extremidades inferiores, así como determinados oficios. Los traumatismos, finalmente, pueden conducir a una artrosis precoz si afectan gravemente a una articulación que como consecuencia de una fractura deja de encajar a la perfección.

 

Síntomas

El más importante es el dolor, que suele estar en relación con la actividad (moverse, caminar, permanecer de pie) y que alivia con el reposo, por lo que se denomina dolor mecánico, para diferenciarlo del dolor articular inflamatorio, que puede persistir incluso en la cama. Pueden estar afectadas ambas caderas, si bien suele doler solamente o sobre todo una. El segundo síntoma de la artrosis de cadera es la pérdida de movimiento, lo que acaba dificultando o impidiendo actividades tan cotidianas como ponerse los calcetines o abrocharse los zapatos. Tanto el dolor como la incapacidad son progresivos aunque el ritmo de progresión es muy variable, rápido en algunos pacientes o lento en otros. La cojera es el tercer síntoma clásico de la artrosis de cadera y se acompaña de un característico balanceo del cuerpo cuando afecta a ambas articulaciones.

 

Diagnóstico

Se inicia con el interrogatorio clínico, del que el médico obtiene de su paciente una importante información acerca del tipo de dolor, su antigüedad, su ritmo, etc. La prueba de imagen más valiosa para el diagnóstico continúa siendo la radiografía simple de la cadera. El escáner o la resonancia magnética tienen más valor diagnóstico en otros procesos, pero la placa normal y corriente, hecha con el paciente de pie, sigue siendo definitiva para el diagnóstico de la artrosis. La imagen nos mostrará una articulación estrechada, deformada y hasta erosionada, dependiendo del grado de afectación. No existe una relación directa entre la intensidad de la degeneración y la de los síntomas: una cadera muy desgastada puede estar sorprendentemente libre de dolor (aunque siempre estará más rígida), y viceversa. Los análisis de sangre tampoco son de utilidad.

 

Tratamiento 

No existe un sólo tratamiento válido para todas las caderas artrósicas. El plan terapéutico debe ser personalizado, teniendo en cuenta no sólo el estado de la articulación sino la edad, la ocupación, la actividad de ocio o las expectativas de cada paciente: “no se deben operar radiografías sino personas”. En fases iniciales lo más importante es obser var unas normas de protección articular, realizar ejercicio físico suave y educar al paciente para que aprenda a “convivir con su artrosis”, ya que es un proceso que le acompañará toda la vida, y le obligará a adaptar su actividad pero sin renunciar necesariamente a muchas cosas que le gustan como caminar, ir al monte, hacer deporte o faenar en la huerta. Un bastón en la mano contraria a la cadera estropeada la descarga y logra así aliviar sus molestias.

 

Cuando las molestias son ya dolorosas es necesario acudir a los calmantes. De entrada se recomienda tomar paracetamol en dosis de un gramo, hasta cuatro diarios, dependiendo de la intensidad y el horario del dolor. Sólo cuando resulta insuficiente deben tomarse analgésicos más fuertes o asociarlos a los antiinflamatorios, siempre bajo prescripción y supervisión médica. Otras medicinas utilizadas en la artrosis son los fármacos de acción sintomática lenta (condroitin sulfato, sulfato de glucosamina) pero faltan estudios que demuestren evidencia científica de su eficacia en artrosis de cadera. Las inyección de sustancias antiinflamatorias (corticoides) o lubricantes (ácido hialurónico) directamente en la articulación afectada, denominada infiltración, se utiliza mucho en otras localizaciones (hombro, rodilla) pero apenas en la cadera, donde tampoco se emplean tratamientos tópicos como cremas, esprais o pomadas.

 

Cuando a pesar de este tratamiento durante al menos seis meses el dolor, la incapacidad o ambas cosas aumentan y dificultan las actividades cotidianas  proporcionando una mala calidad de vida al paciente, es el momento de plantearse un tratamiento quirúrgico, es decir, pasar por el quirófano. Dependiendo de la edad y de la intensidad del desgaste pueden utilizarse varios procedimientos, pero sin duda el más importante hoy día es la prótesis de cadera. La sustitución de la articulación desgastada por otra fabricada con diversos materiales (metal, plástico, cerámica) es uno de los grandes avances de la cirugía ortopédica en las últimas décadas y una de las intervenciones que más satisfacción proporcionan a los pacientes. La prótesis elimina el dolor, mejora la movilidad y proporciona calidad de vida. El continuo perfeccionamiento de los implantes va alargando su duración (hasta 20 y más años) y permite colocarlos a pacientes cada vez más jóvenes, si bien la edad ideal es a partir de los 65. Se trata de una cirugía no exenta de complicaciones, entre las que destacan la trombosis, el aflojamiento y, la más temible de todas, la infección, que a pesar de los rigurosos medios de prevención existentes todavía sobreviene en un pequeño porcentaje (1-5%) de operados en cualquier hospital del mundo. Las nuevas técnicas quirúrgicas, denominadas mínimamente invasivas porque permiten colocar la prótesis a través de incisiones menores de 10 centímetros, reducen notablemente estas complicaciones y permiten una recuperación del paciente a su vida normal mucho más rápida.

 

ILUSTRACIONES 

  1. Radiografía de pelvis que muestra el desgaste de la cadera izquierda.

 

  1. Esquema de una prótesis total de cadera.

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